25 junio 2009

El Posicionamiento de las Organizaciones de Pueblos Indígenas (II)

por Eduardo Mayora Alvarado
Siglo Veintiuno (25 jun 09)

Habiendo resumido el contenido del Posicionamiento de organizaciones de Pueblos Indígenas ante la situación nacional en mi columna de la semana pasada, paso ahora a su crítica.

La primera que me permito hacer es en contra de su carácter absolutista: todos los modelos ensayados por la República desde el día en que surgió hasta el de hoy, han sido un fracaso total y el Estado guatemalteco ha fallado en todo y siempre. Por otro lado, los pueblos indígenas, por lo visto entendidos como víctimas impecables en trágica resistencia, de culpas cero. Claro está, este enfoque presupone otra visión que, en mi opinión, tampoco refleja la realidad: la República de Guatemala como un objeto externo a los pueblos indígenas, como si las personas de carne y hueso que los integran pensaran en términos de “soy un indígena que vive en un territorio sobre el cual la República de Guatemala pretende ejercer jurisdicción”. Insisto, esto no es la realidad que percibo ni he percibido jamás, en una multiplicidad de contextos.

He tenido ocasión, por asuntos profesionales o académicos, por otro lado, de apreciar y de analizar junto a profesionales o estudiosos de países como Bolivia, Ecuador o Perú, qué modelos, regímenes o programas se han implementado allí en cuanto a la cuestión indígena. En ese sentido, creo que todos esos países han tenido más o menos el mismo éxito, o fracaso, según quiera vérsele, que Guatemala. Empero, los tres cuentan con recursos naturales (mineros o de hidrocarburos) particularmente significativos, en comparación con los de nuestro país.

Pero la deficiencia más importante del posicionamiento, en mi opinión, radica en plantear una vez más una serie de dirigentes y gestores de organizaciones, asociaciones o grupos más o menos representativos, los fines, valores o condiciones de vida a las que aspiran o a los que se adhieren. ¡Pero no nos dicen nada sobre cómo se pueden alcanzar esos fines o conseguir esas condiciones de vida! ¿Más democracia? Pues la democracia es un método para la toma de decisiones sobre asuntos de relieve colectivo, pero no para generar la electricidad que mueve las máquinas en las fábricas, que ilumina las lámparas en el salón de clases o que permite operar a los computadores que procesan la información. Tampoco hace germinar los productos de la tierra ni promueve el ingenio humano para descubrir nuevas semillas o mejorar las existentes; para formular fertilizantes y más eficientes sistemas de riego; para desarrollar mejores sistemas de transporte y puertos mejor equipados, etcétera.

El mejoramiento sostenido de las condiciones de vida de los guatemaltecos, sean o no de origen indígena, depende, fundamentalmente, de lo siguiente: que el régimen jurídico que efectivamente se aplique en el país, pueda permitirnos a todos y a cada uno de nosotros formularnos con certeza la siguiente expectativa: la medida de mi esfuerzo personal, de las inversiones de riesgo que realice o de los frutos de mi talento, será el factor principal de mi bienestar y del de mis seres queridos y todos los derechos y bienes que adquiera como resultado de ese esfuerzo o de esas inversiones o de ese talento, serán efectivamente protegidos por un gobierno eficaz y probo en contra de cualquiera que quisiera usurpármelos por la fuerza o despojarme de ellos mediante el engaño o el fraude.

No hay otra forma de organización social que propicie mejor el desarrollo, y sólo en esas circunstancias pueden florecer sentimientos como el de solidaridad.