por Marcela Gereda
elPeriódico (11 may 09)
En esta esquina: Punisher. Aplausos y chiflidos. Con brazos levantados, máscara castigadora y un traje de lycra verde ajustada, Punisher da vuelta al ring. Estremecido, el público popular e híbrido (mestizo), después de haber tomado su debido atol y haber “sexteado”, finaliza su fin de semana en el ring de lucha libre Planeta de los Campeones Federación Triple A.
Cada domingo diversos actores sociales (vendedores, predicadores, etcétera) entre la Sexta Avenida y el Parque Central forjan (sin saberlo) una identidad cultural híbrida y en constante redefinición: es un sujeto popular interétnico e interclasista al que no hace falta inventar, porque ya está ahí; dándole sentido al “ser chapín”, desde nuestras distintivas expresiones y espontaneidad: “hay elotes locos, le damos los elotes”, “hay caldo de res, hay pollo asado, adobado, pase adelante, reina”.
Este espacio (como otros) es alegoría de cierta hibridación cultural. Recuerda el conflictivo mestizaje del que los guatemaltecos somos producto. Mientras la Sexta atraviesa el tiempo, las culturas aquí se reinventan y se cruzan ellas también, en el baile del reggaetón, en la compra del arroz en leche de la mujer k’iche’ o mam, al escuchar al pastor evangélico, al bailar marimba, al adquirir medicina de aleta de tiburón o al comprar algodones y derretirnos por las granizadas. Hablar de culturas híbridas no es hablar de una sola cultura homogénea para los guatemaltecos, sino de varios ríos culturales que convergen en domingo en el parque (como en otros días y espacios).
Para forjar una identidad nacional no hace falta fantasearla –como lo hace muchas veces la academia y la cooperación internacional con su poca funcional y reduccionista dicotomía “maya-ladino”– porque la expresión de esa identidad híbrida ya está ahí, divirtiéndose en el parque, comprando su chipote chillón, con una camiseta del Che o de la Virgen de Guadalupe nos recuerda que además de que no contábamos con su astucia no hemos sabido ver su riquísimo caldo cultural.
No existe la hibridación cultural sin este registro de interacción y articulación intercultural, interétnica e interclasista. Es en esa articulación que puede emerger un proyecto de Nación Popular.
La identidad híbrida todo lo habita, y todo lo mimetiza ahora sólo hace falta articular las diferencias y democratizar las relaciones entre unos y otros. Quizás es más lo que nos une que lo que nos separa, sin olvidar las especificidades culturales y al sociólogo Boaventura Sousa Santos cuando dice “tenemos derecho a ser iguales cuando la diferencia inferioriza y derecho a ser diferentes cuando la igualdad descaracteriza”.
Camino junto a Marina, protagonista de las películas Estrellas de La Línea y Triste borracha, del cineasta español Chema Rodríguez. Después de bailar la pieza de marimba Cobán, con la tuerta Marina, dice: “soy natural y no soy tan natural”. Sin conceptos y prejuicios, Marina asume su conflictivo mestizaje. ¿Por qué en cambio a algunos nos cuesta tanto aceptar lo que hay en nosotros del otro?
Mientras el parque Central se figura como espacio sin división “indio-ladino”, y como escenario de mezcla cultural, un desfile de camionetas con un lema en el que se lee “No soy indita, soy Maya” (vehículos europeos con lemas de la corrección política europea). La realidad dicta otra cosa: las diferencias culturales se articulan (no se homogenizan): la mujer de Taxisco habla con la de de San Juan Sacatepéquez, el q’eqchi’ de Chamelco camina junto al “ladino pardo” de San Jerónimo. Aquí se cae el discurso blanco-negro de la cooperación y cierta academia sobre culturas “compactas” y “puras”.
Ahí están Sheldon y Punisher, haciéndonos reír a la chapinada, divirtiéndonos con la violencia misma de la que todos somos parte y que a todos nos habita. Cada domingo son aplaudidos por un nosotros elástico, también atrás de la máscara de no asumirnos como los sujetos híbridos que somos: mujeres y hombres hechos de maíz como de Pollo Campero, de un vaso de atol como de un octavito de Quetzalteca, vestidos de güipiles como de ropa de imitación o de paca, con largas trenzas negras y también sonrisas “pardas” o morenas.
11 mayo 2009
Hibridación cultural I
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