por Carlos A. Mendoza Alvarado
De niño nunca me hice tal pregunta. Viví en un hogar culturalmente ladino, de clase media capitalina. Educado en un colegio católico. En mi casa recuerdo a dos empleadas domésticas indígenas. Una de ellas nos cuidó cuando éramos pequeños con mis hermanas, y con la otra había algo de amistad entre familias porque sus hermanos trabajaban en la empresa donde mi papá era su jefe. Fuimos a una boda en Chimaltenango. Esas eran mis limitadas relaciones inter-étnicas entre los 7 y 11 años de edad.
De los 12 a los 18 años no recuerdo tener mucho contacto con el mundo indígena. A lo mejor era falta de contacto con el mundo en general. Siempre he pensado que vivía en una "burbuja o esfera de bienestar". Dedicado a mis estudios, a la Iglesia y protegido por mi familia. Sin embargo, recuerdo que a los 17 años vine a los EEUU para aprender un poco de inglés. Le enseñé a la señora que me hospedaba una revista National Geographic donde habían fotos de Guatemala, de Todos Los Santos, y ella me dijo que me parecía mucho a los jóvenes que salían en dichas fotos. Sí veía el parecido físico, pero no me identificaba con ellos porque eran indígenas y yo no. Pero me quedé pensando, qué era lo que nos separaba o hacía diferentes.
Fue hasta los 19 años que empecé a cuestionar mi estilo de vida y a darme cuenta de la realidad a mi alrededor. Digamos que empecé a ver la diversidad de Guatemala y sus injusticias. Debo reconocer a los frailes dominicos por haberme invitado a ver una Guatemala hasta entonces desconocida para mí. Gracias a ellos tuve mi primer acercamiento directo con el Pueblo Maya, su vida, cultura, pobreza material e historia de sufrimientos. Las breves experiencias por Alta y Baja Verapaz impactaron fuertemente mi forma de pensar, de entender el país donde nací.
En la vida religiosa hice varias amigas indígenas. Una de ellas está en el círculo de las que considero mis mejores amistades. Relación que hemos cultivado por más de 17 años. Compartir innumerables momentos con su familia ha sido un inmenso privilegio. También, de vuelta en la Universidad, conocí a uno de mis mejores amigos, un joven quiché con una historia familiar extraordinaria, de valentía, trabajo duro, y optimismo a prueba de cualquier adversidad. Con él llevamos ya casi 15 años de compartir alegrías y tristezas, proyectos e ilusiones. Ellos han sido mi fuente privilegiada de relación con el mundo maya rural y urbano.
Pero, claro, como alguien que investiga y reflexiona sobre estos temas, en algún momento debía enfrentarme a la pregunta sobre mi propia identidad étnica. Mucho se ha escrito sobre los ladinos carentes de un referente sólido. Siempre negando su parte indígena y aspirando a ser como los criollos blancos...
En mi caso nunca he pensado así, pero sí estoy más atento a las actitudes y comportamientos de los ladinos para ver si dicha afirmación es una regularidad. No he llegado a ninguna conclusión, pero sí he tratado de conocer más sobre mi historia familiar para entender de dónde vengo.
Continuaré...
06 mayo 2009
¿Cuál es mi identidad étnica? (1ra parte)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comments:
Publicar un comentario en la entrada