por Frank La Rue Lewy
Prensa Libre (23 abr 09)
La conferencia original de Durban efectuada en el 2001 fue el desarrollo de un plan de acción para combatir el racismo, la discriminación y xenofobia en el mundo. Actualmente la Conferencia Mundial de Revisión de Durban, en Ginebra, tiene el propósito de revisar el desarrollo de los acuerdos originales y el establecimiento de nuevos consensos.
Esta conferencia ha sido cuestionada y ha conmovido la opinión pública internacional, pero sin que realmente se conozca a fondo qué es lo que sucede. Desde un principio ha estado marcada por los debates y enfrentamientos verbales del grupo de países islámicos y el de países occidentales. El mundo islámico plantea que desde el 11 de septiembre del 2001 han sido vistos y estereotipados como terroristas, y como consecuencia de algunas publicaciones como los Versos Satánicos, de Salman Rushdie, las caricaturas de Dinamarca o, más recientemente, el libro La joya de Medina, referido a la última esposa del profeta Mahoma, varios países islámicos consideran que su religión se está tratando con menosprecio e incluso en un tono de burla. Es por ello que dentro de las limitaciones a la Libertad de Expresión, ellos plantean crear el concepto de Difamación de Religiones, y piden que se agregue al mandato del Relator de Libertad de Expresión este tema.
De hecho, por la intensidad de la discusión, 10 países, incluyendo Estados Unidos, se retiraron de la Conferencia antes de que iniciara el debate de fondo, lo cual también fue calificado como un error por los demás participantes, pues el espacio de Naciones Unidas y todas sus actividades fueron creadas bajo el principio de fomentar el diálogo, la discusión y la negociación, y no tiene sentido retirarse de los mismos, pues eso deja el espacio abierto a quienes manifiestan visiones opuestas.
Los temas de racismo y discriminación siempre han sido controversiales; aún más cuando generan enfrentamientos ideológicos. Además de que casi ningún país en el mundo quiere admitir que padece de esos males. Lo mismo sucedió cuando en Naciones Unidas se discutió el contenido de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, que provocó la reacción de América Latina, pero particularmente la oposición de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda; sin embargo, dicha declaración se aprobó, y hoy es reconocida en todos los países del Sistema de Naciones Unidas.
Por si todo esto fuera poco, la Conferencia inició con el discurso del presidente de Irán, por ser el único jefe de Estado que asistió y quien, además, le dio un tono agresivo y de confrontación a su discurso, con planteamientos fuertes contra Israel.
La alta comisionada para los Derechos Humanos inmediatamente emitió un comunicado en el que cuestionaba el tono empleado en ese discurso y el ambiente que generaba, pero también criticaba a los países que se habían retirado.
Al final y después de una tensa negociación, privaron el balance y la ecuanimidad, y se logró negociar un documento satisfactorio, que fue aprobado por consenso, lo cual demuestra que nunca hay que abandonar la negociación.
En su párrafo 58, el documento plantea que la Conferencia enfatiza que “El Derecho a Libertad de Opinión y Expresión” constituye uno de los fundamentos esenciales de una sociedad democrática y pluralista, y enfatiza, además, el papel que estos derechos tienen en la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia.
23 abril 2009
Racismo y discriminación
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