01 julio 2008

UE xonófoba

Por Martín Rodríguez
Prensa Libre (01 jul 08)

La Unión Europea (UE) dice ser el estandarte mundial de la defensa de “sus valores”, como los derechos humanos. Ciertamente, ayudó a Guatemala a lograr la paz o a proteger a guatemaltecos que luchan por los derechos humanos. Era una voz autorizada en materia. Era.

El mes pasado aprobó la “Directiva de Retorno/Expulsión de Ilegales”. Cualquiera sin visa recibirá una carta en la que se pide que se largue, o se le perseguirá, arrestará y expulsará porque es un delincuente. El artículo 12, inciso 3, dice que se les dará asistencia jurídica gratuita a quienes carezcan de recursos “en la medida en que dicha asistencia sea necesaria para garantizar un acceso efectivo a la justicia”. ¿Para qué recibir asistencia que garantice justicia, si la ley no deja lugar a interpretaciones justas y es un delito trabajar en Europa sin visa? Claro, España ahora dice que “explicará a los latinoamericanos bien esta ley”, porque criticarla responde a “ignorancia” o “populismo”. Bah.

Es solo el primer paso. La presidencia semestral europea del francés Sarkozy tiene como primera prioridad combatir la inmigración “ilegal”. Allí se afinarán el “contrato de integración” y la prohibición de la reunificación familiar a menos que se compruebe que tiene réditos económicos y los migrantes hablen el idioma local. Adieu a la Francia y la Europa de los derechos del hombre, bonjour a la Europa xenófoba que quiere “limpiarse” de los ocho millones de “ilegales”; en realidad, humanos bien legales, pero “indocumentados”.

El cambio no sucedió de un día a otro. Es que la “crisis” económica tiene una salida fácil en los populismos de derecha que acusan de todos los males a los inmigrantes, para ganar votos. Lo que se consideró un tumor hace años con la elección de neonazis en Austria, o de 20 por ciento de franceses con el neonazi Le Pen, o los italianos con el fascista Berlusconi, parece haberse convertido en un cáncer. Ahora, la centroderecha tomó esa bandera xenófoba para ganar votos, y la izquierda no desentona. El problema es que ahora los xenófobos son la mayoría de los 500 millones de europeos, y materializan el apartheid mundial: los occidentales en la parte linda del norte y el resto, no rico o capacitado, fuera.

Esto, a pesar que estudios oficiales de la UE reconocen que necesitan cien millones de inmigrantes para sostener su sistema social, a pesar de que está demostrado que los migrantes aportan casi el triple de lo que reciben del sistema social, y a pesar de que son el motor de la economía en infraestructura o servicios. A pesar de que tienen tantos derechos como los europeos que migraron durante siglos a todo el mundo, para trabajar o para asaltarlo (y no es metáfora).

Recién regreso de las Españas, tras una beca. La España en la que pasé la mayor parte del tiempo es una abierta a los inmigrantes, multicultural, cosmopolita, vibrante, que invita a quedarse. Otra España es racista con los extranjeros, los persigue y explota, que regresa a cientos de latinoamericanos de los aeropuertos si no tienen ¤57 para gastar al día (¡menos de lo que un turista europeo gasta aquí!), que lo hace sentir a uno como intruso.

Está bien la declaración continental de protesta que lideramos en la OEA. Ahora nos queda apoyarnos entre nosotros, latinoamericanos, para defender a nuestros connacionales en EE. UU. y en la UE. A los centroamericanos en México y andinos en Argentina. Podemos empezar por dar el ejemplo y tratar bien a los centroamericanos y ecuatorianos que pasan por Guatemala.