26 febrero 2007

Rigoberta

Por María Olga Paiz
elPeriódico (26 feb 07)

La sola mención de su nombre desata pasiones. La candidatura de Rigoberta Menchú pone en un brete muy incómodo a quienes en este país se han apresurado a barrer bajo la alfombra sus prejuicios racistas.

Estas buenas conciencias abogan porque los indios tengan bocado, pupitre o empleo con salario mínimo, pero respingan ante la posibilidad aún remota de ser gobernados por una india. Una cosa es que se superen y otra que nos superen, vaya. Es ahí donde empiezan a aflorar los chistes despectivos, el cacareo temeroso y siempre latente a la reversión del orden establecido.

Hay otros en este gallinero que actuamos como adversarios de nuestros propios prejuicios y defendemos a priori a la candidata, sin haber escuchado su propuesta. En todo caso, los que “huy no”, los que “mejor no” y los que “a ciegas sí”, hemos tomado nuestras posiciones por puro impulso emocional, condicionados por nuestro ánimo reaccionario o apóstata.

No hay rodeo posible, después de tantos años de discriminación, hasta los indios son racistas.

Rigoberta ha sacado a ventilar las creencias más incómodas, a remover los miedos más atávicos. Y nos hallamos consternados, incómodos, inquietos. Si tan solo prestamos atención a nuestras palabras, podremos advertir, admitir y confrontar que sí, de plano pensamos que el lugar de los indios es el campo, por decirlo de alguna manera. De otra forma podríamos seguir eternamente poniéndonos el tacuche de cristianos demócratas sólo para dominguear.

Desaprender el racismo, asimilado a temprana edad, no es cosa de pasar en limpio nuestras supersticiones. Es un proceso, y como tal, va a tomar muchos años de convivencia, de discusiones francas, de experiencias interétnicas radicalmente distintas que puedan abrir una fisura en nuestra rígida visión del país. Ya sólo por esa oportunidad, podríamos aplaudir la participación de Rigoberta.

25 febrero 2007

Rigoberta podría cambiar eje del debate

Por Carlos A. Mendoza
Guatemala, 25 feb 07

¿Cuál será el principal impacto de la candidatura de Rigoberta Menchú? Pienso que será el cambio del tema en torno al cual se discutirá durante la campaña electoral. Podría ser que el tema étnico recobre relevancia, y alcance niveles similares a los de 1999, cuando se debatía sobre la inclusión de los derechos específicos de los pueblos indígenas en la Constitución Política del país.

Hasta ahora, el eje del debate ha sido impuesto por el candidato del Partido Patriota, el General Otto Pérez. Su discurso de "mano dura" ha intentado mantener presente en la mente de los electores el problema de la inseguridad ciudadana que sufre toda la población. Este tema, en el cual él asegura tener alguna "ventaja comparativa" para resolverlo, le ha favorecido en las encuestas tempraneras que se han realizado.

Por su parte, Alvaro Colom y su partido no se han pronunciado sobre algún tema en específico. Posiblemente no desean "gastar pólvora en zanates" pues saben que el partido oficial y su candidato no significan amenaza alguna a su cómoda posición de liderato en las encuestas. Es decir que no ocurre como en las elecciones pasadas donde el candidato a vencer era el oficialista, Ríos Montt, y el tema de debate era la corrupción.

La sola presencia de Rigoberta Menchú invita a debatir tres grandes temas: derechos humanos, sociedad patriarcal, y pueblos indígenas. Además de sus respectivos problemas: impunidad de los violadores a DDHH durante el conflicto armado, machismo, y discriminación étnico-racial. Aunque los partidos de derecha e izquierda tiendan a preferir el debate sobre el conflicto armado, pues ya tienen un discurso bien elaborado al respecto, no creo que éste sea el tema relevante. Se vería como "pasado de moda", como un retorno a la Guerra Fría. Tampoco lo será el machismo, porque a los políticos, en su mayoría varones, no les interesa entrar en un debate sin sentido, pues los conceptos de sexo y género cortan transversalmente a toda la población en edad de votar.

En cambio, el tema étnico sí tiene potencial electoral. Aunque los partidos y sus candidatos no han mostrado interés en el mismo, y le tienen un poco de miedo, la movilización electoral en torno a este eje sí podría dar ventajas a ciertas candidaturas. La izquierda tradicional nunca ha logrado entender la temática. Sigue insistiendo en la "lucha de clases" y en la idea de indígenas como campesinos. La derecha se rehúsa a aceptar la posibilidad de derechos específicos y colectivos, bajo el argumento de la "igualdad ante la ley". Aquí es donde una postura como la del movimiento político Winaq podría encontrar un nicho.

Esto no quiere decir que exista, a priori, un electorado indígena en el sentido de un "voto étnico". Así como no existe un voto "rural" o uno "femenino". Todo depende de cómo los políticos hagan relevate y logren movilizar ciertas identidades. Lo que afirmo es que, aunque Winaq se niegue a competir entorno al eje étnico, la sola presencia de Rigoberta y los demás líderes indígenas despertará el debate entorno a dicho eje y, por lo tanto, podría despertar las identidades étnicas. Sugiero medir esta posibilidad en las próximas encuestas.

En busca de la Presidencia

Por Juana Batzibal
Prensa Libre (25 feb 07)

Hablar de la candidatura de Rigoberta Menchú a la Presidencia de la República significa recordar las condiciones históricas que hemos vivido los pueblos indígenas de América y, en especial, el pueblo maya en Guatemala. Con la invasión europea se interrumpió nuestra forma de vida, nuestra forma de ver el mundo, fundamentado en los principios de armonía; equilibrio entre la humanidad-naturaleza-cosmos; equilibrio entre la política-espiritualidad-ciencia; respeto hacia la naturaleza y hacia la humanidad. Una visión donde el concepto de la complementariedad y la dualidad eran las rectoras del desarrollo sociopolítico y económico de la sociedad.

A partir de ahí surge el fenómeno del racismo contra nuestro pueblo. Un racismo que se manifiesta hoy día desde la estructura del Estado, a través de sus instrumentos legales y políticas, como también en la vida cotidiana: mercados, oficinas públicas, iglesias, centros de salud, escuelas, juzgados, entre otros.

No obstante haberse firmado convenios, acuerdos, declaraciones, nacionales e internacionales, para erradicar este flagelo, aún prevalecen las actitudes racistas de muchos connacionales. Expresiones de este tipo se pueden leer en los diferentes artículos de columnistas, analistas y políticos, de cara a la candidatura presidencial de la doctora Rigoberta Menchú.

No cabe duda de que este acontecimiento marca un hito histórico en la vida política del pueblo maya. La figura de Rigoberta, mujer maya, pone nuevamente en la opinión pública el tema del RACISMO. Un tema que no ha sido abordado con seriedad por los gobiernos de turno, ya que persiste el interés de mantener un Estado excluyente.

La decisión de Rigoberta, respaldada por el Movimiento Winaq y Encuentro por Guatemala, se enmarca también dentro de los acontecimientos y cambios que se están dando a nivel latinoamericano. Debieron pasar cinco siglos para que un hermano indígena asumiera la Presidencia en la República de Bolivia. Debieron pasar 500 años para que una hermana maya lance su candidatura para el cargo más alto en nuestro país.

Ante este acontecimiento histórico, hay mayas que compartirán con alegría la decisión; igualmente hay quienes pensarán que aún no es el tiempo de participar en estos procesos. Seguramente hay quienes están a la expectativa y esperan el plan de trabajo de Rigoberta y su equipo.

Personalmente no dudo de la capacidad que ella tiene. Sólo deseo que la sabiduría de las abuelas y abuelos sea el rector del accionar de mi amiga y hermana Rigoberta. Finalmente, que el PIXAB’ de las ancianas y ancianos del pueblo maya haga eco en la mente y corazón de la premio Nobel de la Paz, para que sus aspiraciones se conviertan en realidad para una Guatemala más justa.

16 febrero 2007

¿ETNICIDAD = CAPACIDAD?

Por Estuardo Zapeta
Siglo XXI (16 feb 07)

Ser indio no significa ser menos o más capaz que un ladino. La etnicidad no es ni inversa y ni directamente proporcional a la capacidad, a la honradez, o a la moralidad.

Y con la posible candidatura de la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú Tum, esas ecuaciones han surgido como explicación y justificación para votar o no votar por ella como opción política.

Me explico: Ante la presunta candidatura de la Nobel (sin eso de “nuestra”) una explicación que surge entre sus detractores es que ella es “indígena”, y que eso causa cierta duda acerca de su capacidad. (A propósito, ya Miguel Ángel Asturias había llegado a esa conclusión en su famosa tesis de 1923.) La idea de “los indios no pueden” es generalizada en Guatemala. De hecho, yo mismo me he enfrentado a ese prejuicio y, afortunadamente, lo he vencido demostrando lo opuesto. Rara lógica esa que supedita la capacidad de una persona a su etnicidad.

Pero el argumento opuesto es también tan falso como ése, o sea el de quienes ven en la Sra. Menchú cualidades que posiblemente no existan, pero que igual concluyen que una persona indígena es “superior” en capacidad por su milenaria cultura. [Ni] La cultura, ni el género determinan capacidad de estadista.

Quienes tal mentira proclaman hasta se atreven a declarar que el indio, por ser indio, “es más honrado.” ¡Ah! y que el ladino por ser ladino es entonces ladrón por su etnicidad. ¡Vaya falsedad! Conozco a indios corruptos tanto como a ladinos corruptos. Y junto con esa lógica torcida surge también una conclusión que no tiene ninguna base en el mundo objetivo: que los indígenas votaremos por una candidata indígena por “solidaridad étnica”.

A esa segunda conclusión denomino el voto gremial.

En ese sentido ha surgido también la falsedad de que los evangélicos votarán por Harold Caballeros por “solidaridad religiosa”.

Pregunto: si surgiese una o un candidato gay, entonces todos los gays votarían por él sobre la base de la “solidaridad de género.” Esto se complica más, si vemos la multidimensionalidad de una candidatura. ¿Qué pasaría si un candidato fuera indígena y evangélico? ¿votarían por él todos los indígenas evangélicos?

Y extiendo mi ejemplo a una candidata indígena, católica, gay, mujer, ingeniero o doctor. Imagine los dilemas que el voto “gremial” pone ante el electorado.
No votamos por una sola dimensión de los candidatos. Por eso, presuponer superioridad étnica, sea ladina o indígena, y sobre eso concluir con voto “gremial” es una tontera política que engaña sólo a quienes promueven candidatos “unidimensionales”.

Además, tales conclusiones presuponen que no hemos evolucionado como demanda política, por eso se permiten ellos propuestas “unidimensionales”. Malas noticias: sí hemos evolucionado, hemos aprendido de nuestros errores, somos más críticos hoy, y expresamos nuestras visiones y sentimientos políticos con mucha apertura, no por eso somos racistas, o sexistas, o colonialistas, u opresores, o discriminadores.

Concluyo con un consejo para Winaq: no jueguen, ni permitan que les jueguen la variable étnica. No nos engañemos: aquí no es Bolivia.

13 febrero 2007

Menchú da a conocer movimiento que la acompañará en comicios

Por Rodrigo Estrada
elPeriódico (13 feb 07)

La Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, dio a conocer ayer al movimiento político que la acompañará en sus aspiraciones por la presidencia ya sea este año o en 2011.

Winaq que significa “la totalidad de la persona humana” será el nombre con el cual impulsarán la candidatura de Menchú. El movimiento, integrado por líderes indígenas y ex funcionarios de varios gobiernos, busca que ahora sean los indígenas los elegidos para gobernar.

“Durante los 200 años de vida republicana de Guatemala, los indígenas hemos sido electores pero no elegidos y este es el momento de cambiar eso”, expresa Menchú.

El movimiento, que tiene presencia en al menos doce departamentos, surgió hace unos tres años, señala Vitalino Similox, otro de los integrantes del grupo, cuando empezaron a realizar talleres de derecho ciudadano y derechos indígenas.

“Como Winaq surgimos hasta ahora, pero las ideas empezaron desde hace tres años en unos 70 municipios”, agrega Similox.

La idea de formar el movimiento habría surgido a finales de diciembre de 2006, cuando un grupo de personas le planteó a Menchú la necesidad de su participación para las elecciones de 2007. Hasta ese momento, había unos 860 líderes comunitarios que participaban, aunque no saben con certeza a cuántas personas pueda representar este grupo.

Rigoberto Quemé, líder indígena del departamento de Quetzaltenango, comenta que organizar a toda la población indígena de cara a las elecciones de este año es un poco complicado, y ve difícil que los líderes indígenas que tienen varios partidos tomen la decisión de apoyar a Menchú.

“Hemos detectado que son parte de quienes han sido funcionarios de gobierno y no tienen mucha base social… lo veo un poco cuesta arriba, a estas alturas es difícil hablar de un movimiento, ella (Menchú) tiene méritos suficientes, pero para la Presidencia se necesita un movimiento social articulado y hay gentes que ya cerraron filas”, dice .

El analista independiente Gustavo Porras ve como algo positivo la candidatura de Menchú, que podría ser un polo de convergencia para sectores que no se han podido identificar con la izquierda tradicional.

De momento, los integrantes de Winaq trabajarán para analizar las propuestas, tanto de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca como de Encuentro por Guatemala, para determinar cual de los dos grupos tiene más coincidencias con sus ideales.

Integrantes de Winaq

Otilia Lux:
>Ministra de Cultura durante el gobierno de Alfonso Portillo, ganadora del premio Bartolomé de las Casas 2005, comisionada para el Esclarecimiento Histórico, miembro del Foro Permanente sobre las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

Amílcar Pop:
>Abogado, analista de Derecho Indígena, integrante de la Asociación de Abogados Mayas, ex integrante del Instituto de la Defensa Pública Penal, ex integrante de Comisión Presidencial contra la Discriminación en el actual gobierno.

Vitalino Similox:
>Líder indígena, pastor evangélico, integrante del Foro Ecuménico por la Paz.

Ricardo Cajas:
>Líder indígena, ex comisionado presidencial contra la Discriminación y el Racismo con el actual gobierno.

Carmela Curup:
>Abogada, ex procuradora de la Niñez en la Procuraduría General de la Nación, integrante de la Asociación de Abogados Mayas, ex directora del Departamento Juvenil de la Procuraduría General.

Byron Morales:
>Fundador de la Unión Sindical de Trabajadores de Guatemala (Unsitragua),

Lugares en donde tienen participación

>Quiché, Sololá, Totonicapán, Quetzaltenango, Suchitepéquez, San Marcos, Huehuetenango, Alta Verapaz, Baja Verapaz, Chimaltenango y Sacatepéquez.

Menchú presenta movimiento político

Por Martín Rodríguez
Prensa Libre (13 feb 07)

La primera opción indigenista está en el escenario político. Rigoberta Menchú y una veintena de indígenas destacados presentaron ayer el Movimiento Político Winaq, que será su plataforma para negociar alianzas electorales y crear un partido para acceder al poder y reformar el país.

“Tras 200 años de vida republicana, ejercitaremos nuestro derecho constitucional de ser electos. Queremos contribuir hoy al país para construir las bases de la interculturalidad. Es una propuesta indígena para todo el país”, aseveró Menchú, en referencia al Movimiento Winaq, que quiere decir humanidad en k’iche’.

Su participación como candidata presidencial en el 2007 depende de que su grupo sea aceptado dentro de las ofertas electorales y el comité ejecutivo nacional de un partido. Negocia con Encuentro por Guatemala, de Nineth Montenegro, y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.

“No es que vayamos a traer a nuestros ladinos, como sí sucede cuando llevan indígenas. Este grupo está abierto para todos los ladinos que se sientan democráticos”, afirmó Ricardo Cajas, ex comisionado presidencial contra el Racismo.

El presidente Óscar Berger opinó que la candidatura de Menchú le pone “sabor” a la contienda electoral.“Le va a restar votos a todos los partidos”, expresó.

Riesgos de un partido indígena

Editorial de Prensa Libre (13 feb 07)

El anuncio de la creación de un partido político indígena que sirva de plataforma para llevar a la Presidencia de la República a la señora Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz de 1992, abre la puerta a una discusión acerca de un tema de especial riesgo en un país como Guatemala, donde la población autodenominada maya tiene evidentemente un porcentaje muy alto, aunque no se haya establecido con total certeza a cuánto asciende en realidad.

Es indudable que la señora Menchú, como todo ciudadano mayor de 40 años, tiene el derecho de aspirar a la primera magistratura de la Nación, y también nadie le puede válidamente negar esa posibilidad porque sea mujer.

En países multiétnicos como India, Pakistán y Filipinas, ha habido casos de gobernantes mujeres en sociedades milenarias y por ello machistas. Pero en esos lugares las mujeres convertidas en gobernantes han llegado por la vía de partidos políticos no sectorizados en cuanto a quienes tienen derecho a integrarlos, como sería el caso en Guatemala con un partido indígena.

Las declaraciones de la señora Menchú, ayer por la mañana, indican que no llamarán a las filas de esa agrupación a personas que no sean de aquel origen étnico, pero que recibirán a quienes quieran acercarse y no pertenezcan a alguno de los 23 grupos indígenas que integran la sociedad guatemalteca, con todo lo que ello significa en cuanto a las divisiones normales de cualquier grupo humano.

Guatemala es un país donde durante siglos ha habido racismo y machismo. Esto no ocurre solamente del grupo ladino hacia los indígenas, sino también en sentido contrario y dentro de los diversos grupos étnicos entre sí, en lo cual influyen condiciones históricas, culturales, económicas, etcétera.

Por eso, ideas como la de tener una universidad maya, o un partido indígena, son contraproducentes. Sería absurdo pensar siquiera en un partido ladino, por ejemplo, o en una universidad para esa etnia. Simplemente no cabe.

Los indígenas jóvenes se han ido preparando en todos los campos, y aunque ciertamente constituyen una minoría, es un hecho indudable que los avances están allí, palpables, en un proceso evolutivo que tiene su principal fuerza en ser maduro y evolutivo, no revolucionario.

La participación política de las personas responde a criterios específicos de cada una. Un partido femenino, por ejemplo, se encontraría con que las mujeres indígenas y campesinas tendrían más puntos de convergencia con los hombres indígenas campesinos que con las mujeres ladinas urbanas.

Dentro de la organización de las agrupaciones políticas se ha hablado mucho, en los últimos tiempos, acerca de la conveniencia de mantener partidos donde quepan ciudadanos de todas clases, o si se deben crear partidos sectarios de grupo, clase o raza.

La discusión internacional es amplia. Pero en Guatemala lo que menos se necesita es convertir la lucha política en enfrentamiento étnico o religioso. Irlanda e Irak son dos muestras de lo que sucede cuando eso ocurre. Por ello, la idea de un partido indígena no procede.

12 febrero 2007

La política no es folclore

Por Jorge Palmieri
elPeriódico (12 feb 07)

El viernes pasado, el periodista Gustavo Berganza publicó en elPeriódico una columna titulada “Los odios contra Rigoberta Menchú” en la que comienza con la pregunta “¿Puede haber mayor muestra de racismo y machismo?”, y en el primer párrafo agrega: “Ahora que Rigoberta Menchú ha manifestado expresamente su interés en competir como candidata presidencial y hay posibilidades reales de que un partido político la postule se ha reavivado la gran aversión que muchos ladinos mantienen hacia ella”. Y en vista de que reconozco que siento por ella una profunda aversión, me creo obligado a responder al susodicho columnista que no es por racismo, ni por machismo, sino porque me cae muy mal y es demasiado fea.

Mi aversión por la Menchú no es porque estuvo ligada a la subversión guerrillera comunista en diferentes actividades, con su padre, Vicente Menchú, dirigente del Comité de Unidad Campesina y en el movimiento denominado “Cristianos Revolucionarios” y el FP-31, y después se unió a la denominada Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG) fundada en 1982 por exiliados guatemaltecos partidarios de la URNG que se dedicaban a denunciar las violaciones a los derechos humanos de los gobiernos en turno y abogar porque se les impusiera sanciones internacionales. Esto lo hacía con Raúl Molina, Rolando Castillo Montalvo, Frank LaRue (hoy un alto funcionario del “gobierno de empresarios”) y Marta Gloria Torres. Tampoco me disgusta saber que en octubre de 1991 participó con la ex guerrillera Rosalina Tuyuc, el líder de la UASP Byron Morales, el pastor evangélico kaqchikel Vitalino Similox, del Concilio de Indígenas Evangélicos de Guatemala, Arlena y Ricardo Cabrera y la poeta y periodista Luz Méndez de la Vega, en la coordinación de la campaña para celebrar el “II Encuentro Continental sobre 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular” que tuvo lugar en Quetzaltenango.

Creo que ha estado en su derecho al hacer todo eso y, francamente, me tiene sin cuidado que explote para su beneficio las trágicas muertes de sus padres y sus hermanos por las fuerzas de represión. Pero me cae mal que mienta tan descaradamente cuando afirma por todas partes del mundo que se dedica a defender los derechos humanos de sus congéneres, los miembros de la raza indígena que ahora llaman “Maya”. Porque a pesar de que recibió un millón y medio de dólares con el premio Nobel, jamás ha dedicado una parte de su dinero a ayudar a los indígenas más necesitados, mientras ella vive como una reina, se codea con los más ricos y ocupan con su marido asientos en Clase Ejecutiva en sus constantes viajes a diferentes partes del mundo.

El 16 de octubre de 1992, en Oslo, quien le impuso la medalla y le dio el cheque por un millón y medio de dólares, dijo: “El Comité Nobel ha decidido premiar con el Nobel de la Paz 1992 a Rigoberta Menchú, de Guatemala, en reconocimiento por su labor a favor de la justicia social y de la reconciliación etno-cultural basada en el respeto por los derechos de los pueblos indígenas. Al igual que muchos países de América del Sur y América Central, Guatemala ha sufrido grandes tensiones entre los descendientes de los inmigrantes europeos y la población indígena nativa. Durante los años setenta y ochenta esta tensión llegó al punto álgido con la represión masiva de los pueblos indígenas. Menchú ha representado un papel cada vez más destacado como defensora de los derechos nativos. Rigoberta Menchú creció en la pobreza, en una familia que conoció la represión y la persecución más brutales. En su trabajo político y social siempre ha tenido presente que el objetivo final de la lucha es la paz. Hoy, Rigoberta Menchú destaca como un símbolo viviente de paz y reconciliación a pesar de las líneas de división étnicas, culturales y sociales, en su propio país, en el continente americano y en el mundo.”

¿“Símbolo viviente de paz y reconciliación”? ¿Qué ha hecho por su pueblo? Pero quiere ser Presidenta de la República porque la escritora Elisabeth Burgos, que era esposa del entonces comunista Regis Debray, escribió una historia fantasiosa sobre ella y en 1992 le dieron el premio Nobel de la Paz. ¡Cómo no Chon!

Presidenta Menchú

Por Juan Luis Font
elPeriódico

Es tan áspera y revulsiva la reacción de algunos buenos burgueses a la posibilidad de tener a una mujer quiché como sucesora de Óscar Berger en la Presidencia, que es difícil no desear que esto se concrete pronto. ¿Qué fibras tan sensibles toca su figura? ¿Sólo el racismo y el miedo al racismo a la inversa? ¿O en verdad, como sugiere Gustavo Berganza, despierta al macho feudal confiado en la violencia como método de exterminio de conflictos que muchos guatemaltecos llevan dentro? De ser así, su participación podría tener efectos terapéuticos para esta sociedad.

Pero hace falta un largo trecho siquiera para establecer si la candidatura de Rigoberta Menchú es viable en el partido Encuentro por Guatemala y para conocer en qué consiste su propuesta política. Esa candidatura parece mucho menos viable en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, más por la resistencia de la Premio Nobel hacia sus antiguos compañeros de lucha que por otra cosa.

Menchú está muy lejos de ser la mujer que recorría los pasillo de Naciones Unidas a finales de los ochenta. Ahora participa en las sesiones de Gabinete de un gobierno empresarial, ha hecho una incursión ella misma en el mundo de los negocios y se muestra cauta, por ejemplo, frente al supuesto radicalismo de Evo Morales en Bolivia, pero nada de eso ayuda a vencer la resistencia de muchos no indígenas en Guatemala.

Rigoberta Menchú ha mantenido un silencio escrupuloso sobre los objetivos de su proyecto. Y nuestra idiosincrasia nacional, tan marcada por las categorías de etnia y clase, nos hace plantearnos frente a ella con una óptica distinta a la que nos sirve para escrutar a los otros candidatos.

Ahora caemos en la cuenta que está rodeada de un equipo pluriétnico en el que se cuentan intelectuales indígenas de primer nivel y en el que por de pronto sólo se reconoce a un mestizo, el líder sindical Byron Morales.

A nadie le quepa duda que la reivindicación étnica será un pilar fundamental de su proyecto político pero, ¿en qué consiste exactamente? ¿Y de qué manera puede llegar a seducir a un votante no indígena de las capas medias y los sectores populares de este país para vencer la apelación a la identidad ladina que procurarán sus contendientes más conservadores?

Así como Rigoberta le ahorra a Encuentro por Guatemala una suma considerable para posicionar en la mente de los electores a cualquiera de sus otros potenciales candidatos, ella y su equipo procuran ahorrarse el tortuoso camino de organización de un partido.

Uno puede percibir a Encuentro por Guatemala como una organización que procura, a juzgar por el papel en el Congreso de su líder Nineth Montenegro, construir una democracia moderna vía el fortalecimiento de las capacidades del Estado. Eso pasa por la inclusión real de los indígenas en la vida pública y por la habilitación de su ciudadanía plena, pero no es ni con mucho el único punto de su agenda. ¿Cuán fiable es que esta sea una alianza a partir de la coincidencia de objetivos y no sólo de intereses?

¿Y qué garantías tiene Encuentro por Guatemala de que Rigoberta Menchú y su equipo no utilicen al partido como un mero vehículo de sus intenciones a largo plazo?

Todos sabemos que esas intenciones están cifradas en la campaña del 2011 y el camino por recorrer hasta entonces es aún muy largo.

Opresión compartida

Por Irmalicia Velásquez Nimatuj
elPeriódico (12 feb 07)

Con la llegada al poder del general Romeo Lucas García se inició una de las épocas trágicas de la Historia contemporánea. Entre las atrocidades documentadas están el asalto y la quema de la Embajada de España, el 31 de enero de 1980, en la que fueron incendiadas 39 personas. Naciones Unidas reconoce que cometió 538 masacres en el área rural, que superan las 442 que se ejecutaron en la época del general Efraín Ríos Montt.

El asesinato de 35 líderes del Frente Unido de la Revolución y del Partido Socialista Democrático –como Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr– y de más de 100 estudiantes y catedráticos de la Universidad de San Carlos de Guatemala, entre ellos Oliverio Castañeda de León, secretario de la Asociación de Estudiantes Universitarios.

Además, 44 sindicalistas fueron secuestrados, 27 fueron sacados de la sede de la Central Nacional de Trabajadores y nunca aparecieron. Y más de una decena de periodistas fueron secuestrados o asesinados.

Mientras en el norte del país, con la instalación de destacamentos militares desde 1975, se intensificaron los despojos de tierra indígena, por finqueros y militares. Aumentaron las amenazas, palizas, ataques sexuales a mujeres, secuestros masivos y asesinatos de líderes indígenas en los municipios de Uspantán, Chajul, Cotzal y Nebaj, en Quiché.

El salario mínimo en el campo vigente desde 1973 era de Q1.12 y Q1.05 diarios. Pero el real en fincas de la costa sur y las Verapaces era de Q.0.25. Cuando lo mínimo para cubrir la alimentación de una familia de 5 miembros era de Q5 diarios.

En Quetzaltenango, Xel-Jú traía su propio proceso político. Y aunque no compartían la pobreza económica de la mayoría de indígenas, sí compartían la opresión racial y sabían que para un “indio” no bastaba ser profesional o tener una posición económica estable. Por eso, varios se unieron a otros mayas a nivel nacional para que cancelaran el evento de Rabin Ajaw.

Mientras en el Centro Universitario de Occidente se analizaba la realidad nacional a través del marxismo leninismo, lo que acercó a varios a una posición radical, pero la decisión final la afinó la violencia selectiva que se inició en la ciudad en contra de estudiantes y profesionales indígenas y ladinos.

La combinación entre racismo, explotación y represión los conectó a un conflicto nacional en el que la izquierda armada invitó a Xel-Jú a unirse al movimiento revolucionario.

09 febrero 2007

Los odios contra Rigoberta Menchú

Por Gustavo Berganza
elPeriódico (9 feb 07)

Ahora que Rigoberta Menchú ha manifestado expresamente su interés de competir como candidata presidencial y hay posibilidades reales de que un partido político la postule se ha reavivado la gran aversión que muchos ladinos mantienen hacia ella.

Desde que Rigoberta Menchú se convirtió en un ícono de la lucha por esclarecer las masacres perpetradas por el Ejército durante la contrainsurgencia, al sesgo pro castrense que prevalece en la sociedad guatemalteca se han unido el conservadurismo político, el machismo y el racismo.

Al haber sido un cuadro del EGP que luego jugó un papel crucial en denunciar los excesos del Ejército en la lucha antiguerrillera en las áreas indígenas, es algo que difícilmente le perdonarán los grupos pro militares. Cada vez que sale el tema de la ocupación de la embajada de España vuelve a reciclarse la vinculación de Menchú y de su padre y la presunta responsabilidad de este en el trágico desenlace.

La crítica pro militar está vinculada también al conservadurismo político. Menchú, una mujer de inteligencia natural e indudable habilidad para establecer redes sociales, fue crucial para que la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU condenara los abusos del Estado guatemalteco en contra de sus ciudadanos. Apelar a la comunidad internacional es algo que en el imaginario conservador criollo atenta contra la soberanía del país. El tema de la soberanía ha vuelto a ser esgrimido porque Menchú no cesa en su afán de enjuiciar en tribunales españoles a un grupo de generales guatemaltecos a los que sindica como responsables de las matanzas durante el período contrainsurgente.

Luego está el machismo. ¿Cómo es posible que esta mujer se desenvuelva con autoridad en círculos de alta política y foros internacionales? ¿Cómo es posible que se asocie con un empresario mexicano para poner su propio negocio? ¿Por qué a ella se le abren puertas que se le cierran a los hombres?

Y por último está el racismo. Recuerden el patético intento de un grupo de ladinos locales, apoyados por Jorge Serrano para bloquear su nominación al Nobel. En aras de que la señora Menchú no ganara impulsaron la candidatura de una destacada filántropa, quien de acuerdo con ellos, representaba mejor al país que “una india como la Rigoberta”.

Menchú tiene todo el derecho, como ciudadana guatemalteca, de optar a la Presidencia. Y más aún, por ser mujer e indígena, integrante de dos sectores que este país ha mantenido relegados.

La discusión sobre su candidatura sería más fructífera si se evaluaran sus capacidades personales, sus propuestas para afrontar los problemas del país y si entre quienes la impulsan hay un equipo razonablemente experimentado en el manejo de los asuntos públicos. Lo demás es puro machismo y racismo.