Interesante artículo en Prensa Libre
Alcaldías indígenas recuperan espacio en comunidades
Por Cristina Bonillo (20 dic 09)
Las poblaciones indígenas confían más en las autoridades tradicionales que en el Estado. Un ejemplo del poder que mantienen es lo que Lina Barrios señala en su investigación Tras las huellas del poder local. La alcaldía indígena en Guatemala, del siglo XVI al XX: “En Santa Cruz del Quiché —donde la alcaldía indígena desapareció en 1945—, en 1995, todavía llegaban una vez al mes personas del área rural preguntando por el alcalde indígena, para resolver asuntos de justicia, papelería, etcétera”.
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20 diciembre 2009
Sobre autoridades indígenas
08 diciembre 2009
Panamá: Pueblos Indígenas vs. nuevo Gobierno
Mi amiga Carmelita Ixcol me compartió este vínculo sobre situación en Panamá. Habrá que estar atentos y profundizar en el tema. Gracias.
"Pertenecer a un pueblo indígena se está poniendo peligroso en Panamá. De un plumazo se borran acuerdos internacionales con el Banco Mundial que elimina el Programa de Educación Intercultural Bilingüe, que como en tiempos de la colonia española se quemaban códices Mayas, los grabados indígenas, la historia, la lengua. Lucy Molinar, la actual Ministra de Educación está prohibiendo soñar, hablar, escribir en lengua Kuna, Gnäbe, Emberá, Buglé, Bri Bri a las siguientes generaciones." Por Manigueuigdinapi (Jorge Stanley Icaza) – Movimiento de la Juventud Kuna.
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Por cierto, les recomiendo revisar el sitioweb y blog de Red Maya: http://www.redmaya.org/
03 diciembre 2009
Mujeres indígenas y ejercicio del poder
por Teresa Zapeta
La Hora (3 dic 09)
Las mujeres indígenas -mayas, garífunas y xincas- constituyen el 29% del total de la población, según un informe presentado en el año 2007 por la Defensoría de la Mujer Indígena. Pese a ello su representación y participación en los espacios y ámbitos de toma de decisión pública es casi nula debido a los efectos de la discriminación y racismo histórico estructural que ha limitado el ejercicio de los derechos individuales y colectivos de las mujeres indígenas.
En la actualidad, de un total de 158 diputaciones, solamente 19 son ocupadas por mujeres, de éstas, únicamente 4 por mujeres indígenas mayas. La misma situación se encuentra en el poder municipal, únicamente una mujer indígena maya es alcaldesa de un total de 332 alcaldías. El Organismo Ejecutivo presenta un panorama similar, únicamente 6 mujeres indígenas son funcionarias públicas a nivel de ministerios y secretarías -la mayoría de estos puestos son en viceministerios o subsecretarías-, sería importante reflexionar sobre este fenómeno ¿racista? que pareciera lanzar el mensaje de que sólo es "permitido" llegar hasta cierto punto del ejercicio del poder público.
En este sentido, son de valorar los esfuerzos realizados por las mujeres indígenas desde hace varias décadas para incursionar en los espacios de toma de decisión, que han implicado el romper paradigmas desde el círculo familiar, comunitario, así como las estructuras de los partidos políticos y de la institucionalidad del Estado, y en cierto grado, el imaginario social. La participación de las mujeres indígenas no es pasiva; todo lo contrario, es de permanente lucha para lograr la visibilidad y el ejercicio de su derecho a la participación. No es cierto que a las mujeres indígenas no les interesa participar y que no hay capacidades técnicas políticas para hacerlo. Los procesos electorales demuestran que los partidos políticos y comités cívicos cuentan con una fuerte participación de mujeres, y en especial de mujeres indígenas, a quienes muchas veces les son asignadas responsabilidades de mano de obra para las acciones proselitistas, impidiéndoles acceder a los primeros puestos para ser electas a cargos públicos.
Los retos son innumerables, tanto para las mujeres indígenas como para el resto de la sociedad y en especial para la dirigencia de los partidos políticos y las autoridades del Estado. Hay que romper en el círculo familiar los estereotipos machistas que consideran equivocadamente que a la mujer le corresponden únicamente las funciones del hogar. Es indispensable avanzar en transformar la concepción de vida hacia la dualidad, complementariedad y la corresponsabilidad entre hombres y mujeres. Otro de los retos a superar es la discriminación y racismo impregnado en la sociedad y en la lógica del Estado; no es casual que los mayores índices de analfabetismo y mortalidad materno-infantil tengan mayor incidencia en las mujeres indígenas.
Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos no pueden ser pospuestas, hay que impulsar el avance hacia la paridad étnica y de género, lo cual viene a fortalecer el ejercicio del derecho humano a la participación política y el ejercicio de la ciudadanía, base fundamental de la democracia plena.
01 diciembre 2009
Libertad cultural y diversidad: ¿qué va primero?
por Hugo A. Us
Un análisis del marco conceptual de A. Sen en el IDH 2004
El informe mundial de desarrollo humano 2004 se tituló La libertad cultural en el mundo diverso de hoy. Como es usual en un informe de este tipo, contó con el apoyo de los más destacados académicos y expertos en la materia a nivel mundial. Entre los consultores principales cabe destacar a filósofos políticos del multiculturalismo como Will Kymlicka o Rajeev Bhargava; al laureado economista (y filósofo) Amartya Sen; pensadores de los estados modernos como Brendan O’ Leary y científicos sociales como Rodolfo Stavenhagen o Deborah Yashar. Además, contó con especialistas sectoriales que desarrollaron temas específicos y un buen equipado anexo estadístico. Se trata en fin, de un informe bastante completo y sobre un tema que, a pesar de los años transcurridos, sigue y seguirá siendo de vital importancia en el mundo actual. Luego de una lectura más atenta del marco conceptual que le sustenta (desarrollado en el capítulo 1 casi en su totalidad por el profesor Sen), surgen algunos cuestionamientos que una primera mirada acaso pasó por alto. He decidido poner atención al marco conceptual en la medida que es la base sobre la que se desarrolla el resto del informe. En particular, he tomado nota de cinco temas que a mi juicio aún generan debate y que encuentro discutibles y que trataré uno por uno en este breve análisis.
El primer aspecto es la ausencia de una discusión al menos básica del concepto de cultura y de la diversidad cultural. El informe desarrolla de manera coherente y convincente la relación entre la libertad cultural y el desarrollo humano. De manera particular, sobre la importancia de promover (y defender la libertad cultural) como parte de y para alcanzar el desarrollo humano. Sin embargo, sorprende que el marco conceptual no cuente con una discusión más detallada del concepto de cultura y su función en la vida humana. Esta discusión incluye otros temas tales como la naturaleza de la cultura, su dinámica y su relación con otras dimensiones de la vida de las personas. Esta discusión es crucial en la medida que proporciona la justificación moral de los derechos basados en la cultura.
El segundo y como consecuencia del primero, la falta de distinción entre conceptos como pueblos indígenas, grupos étnicos y grupos con visiones o prácticas diferentes. Al no establecer claramente un concepto de cultura, tampoco se establecen diferencias entre categorías asociadas a la cultura. De esa cuenta, se tiende a mezclar o confundir la identidad cultural con la afiliación religiosa, sexo, condición de clase e incluso, a temas menos importantes como la preferencia musical o gustos de lectura. Al respecto, el informe indica que: “Cada individuo suele identificarse con muchos grupos distintos. Una persona puede tener la identidad que le otorga su ciudadanía (como ser francesa), género (ser mujer), raza (tener origen chino), ascendencia regional (haber llegado de Tailandia), lengua (dominar el tai, chino e inglés), afiliación política (ser de orientación izquierdista), religión (ser budista), profesión (ser abogada), ubicación (ser parisina), afiliación deportiva (ser fanática del golf), preferencias musicales (gustar del jazz) y literarias (novelas policíacas), hábitos alimentarias (ser vegetariana), entre otros.”
En otras palabras, se corre el riesgo de tratar todas las identidades como iguales y por tanto, a la naturaleza moral de su demanda o reclamo. A este respecto, es importante hacer notar que la cultura o el sexo son identidades heredades y no adquiridas. Se trata de condiciones presentes al nacer y no del producto de una elección libre o voluntaria (como podría ser la orientación política o el lugar de residencia). Ciertamente no tienen el mismo peso moral los derechos de los pueblos indígenas (con una identidad heredada) que los derechos de los amantes del jazz (identidad adquirida).
El tercer aspecto es que se le da mayor importancia a la libertad cultural casi a costa de la diversidad o, visto de otra manera, de tratar la libertad cultural como una precondición para la diversidad cultural. El informe privilegia un enfoque liberal, en el sentido que le da mayor valor o prioridad a la libertad antes que a la diversidad cultural. En tal sentido el informe señala que: “Insistir en el conservatismo cultural podría desalentar – o incluso impedir – que las personas adopten un modo de vida diferente e incluso que abracen el modo de vida por el que otras personas, con historias culturales distintas, han optado en una sociedad determinada. En ese caso, la diversidad se lograría a costa de la libertad cultural. Si lo que importa en última instancia es la libertad cultural, la valorización de la diversidad cultural tendría que ser contingente y condicional. En gran parte, todo dependerá de cómo se logre y se mantenga esa diversidad.”
Me parece que este es uno de los temas cruciales del informe y al mismo tiempo, me parece aún bastante discutible. En parte se explica por la falta de claridad en cuanto a definir el concepto de cultura y los diversos tipos de identidades. El argumento del informe pareciera ser que la diversidad cultural es consecuencia de la libertad cultural, cuando no necesariamente es así. De hecho, podemos encontrar diversidad cultural no por la existencia de libertad cultural sino a pesar de su ausencia. Este es el caso de sociedades multiétnicas (como aquellas donde predominan grupos de migrantes) o sociedades multinacionales (con presencia de pueblos indígenas). Dichas sociedades pueden mantener una diversidad cultural en su seno aún cuando no existan condiciones favorables para el ejercicio de la libertad cultural debido a la presencia y coerción de estados monoculturales. El informe parece ignorar que la cultura y la diversidad culturales son hechos ya dados; la diferencia radica en los contextos donde estas culturas se insertan. Al darle prioridad a la libertad cultural, el informe refleja la falta de claridad en su marco conceptual sobre la naturaleza de la cultura y su dinámica. Por la misma razón, el informe parece ignorar también el rol que los estados han tenido en los procesos nacionalistas (nation building) al privilegiar ciertas culturas sobre otras.
El quinto aspecto es la ausencia de una discusión sobre referentes teóricos tan importantes como John Rawls (en lo normativo) o Bhikhu Parekh (en cuanto a temas de diversidad desde la filosofía política). Tratándose de un marco conceptual, el informe parece haber aprovechado poco los aportes desde la filosofía política de pensadores como Rawls el cual proporciona un marco conceptual bastante amplio e integral sobre temas de justicia, que al final es el principio que constituye la base de los derechos y libertades humanas (incluyendo la libertad cultural). El marco conceptual de Rawls – simplemente ausente en la bibliografía del informe – creo que ayuda a definir prioridades en términos de identidades heredadas e identidades adquiridas. Asimismo, el informe no da suficiente cuenta de los marcos conceptuales de Parekh con su muy útil tipología de diversidades culturales o los aportes de Kymlicka con su teoría de derechos de minorías políticas y su diferenciación entre restricciones internas y libertades externas justamente para tratar temas asociados a la denominada “tiranía de las identidades” que tanto parece incomodar en el informe.
Finalmente, el informe maximiza una visión liberal, acaso ignorando visiones alternativas, no occidentales. El informe, tratándose de un informe de una agencia de las Naciones Unidas, no pudo evitar el sesgo universalista y el monismo moral asociado al liberalismo. A este respecto, mis planteamientos apuntan más bien a si hay otras formas posibles de entender la vida económica, política (y ahora, cultural) que no sea a través del liberalismo. El texto fundamental de Edward Said, Orientalismo, pareciera indicarnos que otras formas de pensamiento son posibles. Asimismo, los trabajos de Parekh sobre el monismo moral del liberalismo pueden arrojar luces sobre estas controversias. Señalo este aspecto pues tratándose de un informe sobre diversidad cultural (que incluye las ideas que las personas y los grupos puedan tener), deja fuera esta discusión y da por sentado que el liberalismo político es el canon por el cual debe entenderse o interpretarse la realidad política.
A pesar de los cuestionamientos a su marco conceptual, el informe sigue siendo una útil referencia sobre el tema cuando se analiza el resto de capítulos. En particular, cabe destacar el esfuerzo de abordar varias dimensiones asociadas a la libertad cultural, a los desafíos que ésta enfrenta y en particular, a las políticas necesarias para promoverla. Al respecto destaca su reflexión sobre las políticas orientadas a promover mayor participación política de grupos en desventaja o medidas para revertir la exclusión socioeconómica. En lo particular, considero que las políticas que existen no siempre parten de las mismas premisas sino más bien responden a situaciones concretas en cada país y para cada grupo.
20 noviembre 2009
Racismo a flor de tinta
por Álvaro Castellanos Howell
elPeriódico (20 nov 09)
En el diario La Hora, el lunes 9 de los corrientes, el señor Fernando Mollinedo publicó una columna titulada Malditos perros. Aunque usted no lo crea, no se refería a los canes, sino a personas. Específicamente a los policías de Emetra.
Ciertamente es un título polémico para una columna de opinión, pero más que eso, es profundamente preocupante su contenido. Me parece que hay algunos pasajes de la misma que son verdaderamente imperdonables. Me referiré tan sólo a uno de ellos, que dice lo siguiente: “Los nuevos y ridículos ‘MayaIngleses’ no se percatarán jamás que no pueden despojarse de su ancestro indígena, aunque que (sic) se vistan de seda, su incultura y nula educación les muestra ante la sociedad como simples peones al servicio del sistema egocéntrico de su jerarca”. El pasaje antes citado denota no sólo ignorancia de parte del columnista, sino además un racismo exacerbado.
Cultura, en su sentido más amplio, es toda la información y todas las habilidades que posee el ser humano para atender y resolver sus necesidades. Incluye todas las prácticas, costumbres, usos, normas y reglas de conducta social y las creencias de las personas. De tal suerte, no puede existir una “persona inculta”. Cualquier persona, desde el momento que pertenece a una sociedad, está imbuida en la cultura de dicha sociedad. Esa expresión tan comúnmente utilizada de decir que alguien es “inculto” por su bajo nivel educativo, es entonces, un sinsentido. O sea, el propio Mollinedo es culto.
Yo, hace varios años, dejé de usar la expresión “inculto” para referirme a una persona con poca o ninguna escolaridad. Más aún, cuando dicha persona no ha tenido acceso al sistema educativo. Pero lo más grave de la columna comentada es la proposición racista que contiene, pues al decir que toda persona con ancestro indígena es “inculto” e iletrado y que es un simple peón, por muy bonito uniforme que pueda utilizar, denota su creencia en la inferioridad de dichas etnias (las indígenas). O sea, el columnista se asume superior a quienes se refiere con tanto desprecio.
Mi sugerencia a cualquier ciudadano que sufra atropellos de los agentes de Emetra es que apunte el nombre y si no se lo da, el lugar y hora del turno del agente. Pero el columnista, de ser un posible agredido por la prepotencia de un agente de tránsito, pasó a ser un agresor de casi la mitad de la población guatemalteca. ¡Vaya forma de abordar el problema!
18 noviembre 2009
Del racismo subyacente
por Sam Colop
Prensa Libre (18 nov 09)
El 12 de agosto de 1998 escribí un artículo con este mismo título, a raíz de que el columnista Óscar Clemente Marroquín (La Hora 5/8/98) cuestionara con mucha razón al entonces procurador de la Nación. La razón de mi artículo fue porque Óscar Clemente Marroquín escribió: “Aunque en el fondo debo decir que no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”. Sobre eso comenté: “Lo escrito por Marroquín es otro ejemplo de cómo los pensamientos más profundos afloran en el momento menos apropiado.” Hay que recordar, sin embargo, que Óscar Clemente presentó excusas públicas. Viene esto a mención porque el lunes 9 de este mes, Fernando Mollinedo, también de La Hora, tituló su columna de ese día: “¡Malditos perros!” para calificar a miembros de la Policía Municipal de Tránsito (PMT) por las sanciones que imponen. Pero la crítica del letrado columnista continúa con insultos al decir: “perecen jauría cuando se trata de imponer multas y/o sanciones; los nuevos y ridículos ‘MAYINGLESES’ no se percatarán jamás que no pueden despojarse de su ancestro indígena, aunque que (sic) se vistan de seda (…), su incultura y nula educación les muestra ante la sociedad como simples peones al servicio del sistema egocéntrico de su jerarca”.
¡Vaya! lección de antropología que nos brinda Mollinedo que aplicándosela a él mismo, por más diccionarios que lea no va a dejar de ser ladino. Es cierto que la PMT abusa y hasta hace pensar que tiene porcentaje por remisión impuesta; pero de eso a etiquetarlos de perros justificándolo con localismos es una verdadera defensa perruna (con el perdón de mis perros). Al ladino Mollinedo ni le ha pasado por la mente que es otro racista, menos pedir una disculpa pública ¡pero claro: un racista nunca reconoce su racismo! He aquí otra muestra del porqué esta patria ajena es como es; pero tal vez Mollinedo no tenga la culpa, él es solo producto de su tiempo como dicen los alcahuetas y parodiando la conocida frase que utilizó Óscar Clemente en agosto del 98: “la culpa no la tiene Mollinedo, sino quien lo hace compadre”.
PA JUN CHOLAJ CHIK: Me contaron un chiste que deseo compartir con mis lectores. Va pasando un motociclista por un retén de la PMT y le piden los documentos de la moto, pero como no llevaba licencia de conducir le preguntan por su nombre y responde: -“Me llamo Tekum Umam”, ante lo cual los agentes dicen: —“siga adelante mi héroe nacional”. Atrás venía un encopetado en vehículo europeo y le piden los papeles, todo está en orden. Al percatarse un agente del apellido del conductor, piensa en un pretexto para multarlo y le pregunta: -“¿cómo se llama el héroe nacional?” A lo que el conductor que era analfabeta funcional y de ancestro europeo, contesta: -“Tonatiuh Arzú”.
17 noviembre 2009
Ancestro Indígena
por Irmalicia Velásquez Nimatuj
elPeriódico (17 nov 09)
Una de mis aficiones de niña era revisar los periódicos, entendiera o no lo que documentaban, me detenía en notas que llamaban mi atención, como asesinatos brutales y sangrientos que no comprendía por qué ocurrían, hasta notas sociales que retrataban a la elite capitalina. Cuatro periódicos guardo en mi memoria: El Imparcial, cuyo diseño no me gustaba, La Nación por sus entrevistas, Prensa Libre por su paginaje y El Gráfico por color y diseño.
La afición se convirtió en profesión y una parte de mí se formó en el periodismo escrito. Esto me ha llevado a seguir revisando los medios, ya no con la ingenuidad de los ojos infantiles, sino con una postura crítica y un posicionamiento complejo, especialmente la sección de opinión, que es un pilar clave de los periódicos, por la responsabilidad que implica escribir y publicar una columna, que no es un hobby, ni debería ser para llenar un ego personal o para asumir que se tiene la última palabra en un país rico, pero vergonzosamente inequitativo.
Por eso asombra el descaro con que algunos columnistas publican y reproducen estereotipos sobre hombres y mujeres indígenas. El caso reciente es el de Fernando Mollinedo, quien publicó en La Hora la columna “¡Malditos perros!” (09.11.2009) para referirse a los agentes de la Policía Nacional de Tránsito de la capital, a quienes retrata como una jauría porque imponen multas o sanciones y los ubica como “los nuevos y ridículos ‘MayaIngleses’ [que] no se percatarán jamás que no pueden despojarse de su ancestro indígena, aunque que se vistan de seda, su incultura y nula educación les muestra ante la sociedad como simples peones al servicio del sistema egocéntrico de su jerarca.” (las negrillas son mías).
Mollinedo tiene derecho a cuestionar la arbitrariedad con que se imponen las multas, pero debe hacerlo con argumentos, no con insultos racistas, que sólo develan su ignorancia sobre la realidad racial de Guatemala y de la historia en la que los pueblos han sido colocados dentro de la jerarquía racial y de clase, por los sectores de los que él es parte. Igualmente, no puede insultar al alcalde capitalino, denigrando a los indígenas o comparándolos con animales, porque entonces, actúa como lo hace Arzú cuando de manera visceral se expresa públicamente en contra de los que él considera sus enemigos, que –según él– son enemigos del país.
Bien haría Mollinedo en tomar un curso sobre la Cultura de la Pobreza.
07 noviembre 2009
EE.UU., Obama y las Naciones Originarias
Obama emite memorandum para implementar el deber estatal de consulta previa a pueblos indígenas
Para el mandatario, la ausencia o mínima consulta del gobierno federal con los pueblos indígenas es una de las principales causas de conflictos entre estado e indígenas
"La historia ha demostrado que el hecho de fallar en incluir las voces de los dirigentes de los pueblos indígenas en la formulación de políticas que afectan a sus comunidades con demasiada frecuencia ha dado lugar a reacciones adversas y, a veces, con resultados devastadores y trágicos."
"Nosotros sabemos la historia que compartimos. Es una historia de violencia, de enfermedades y privación. Tratados que fueron violados. Promesas rotas", dijo Obama al hablar ante la Conferencia de Naciones Originarias en la Casa Blanca.
Obama firmó un Memorandum para dar cumplimiento al deber de realizar consultas regulares entre el gobierno y los pueblos indígenas en el diseño de políticas que tienen efecto sobre los indígenas.
Texto del Memorandum, aquí:
http://www.politicaspublicas.net/panel/noticias/internacional/421-memo-obama.html
04 noviembre 2009
Diálogo intercultural
por Lucía Verdugo De Lima
Prensa Libre (04 nov 09)
En el marco del I Congreso Nacional de Educación Bilingüe Intercultural, que se inicia el día de hoy, los representantes del Mineduc, de organizaciones y del magisterio discutirán, entre otros, un tema que se ha venido postergando en la agenda de la educación en Guatemala: la interculturalidad para todos.
La interculturalidad puede abordarse como una realidad, en la que se practican los intercambios entre grupos culturales diferentes, que de hecho dinamizan procesos de convivencia positiva o bien marcados por las relaciones de poder que dan como resultado comportamientos discriminatorios. Desde el ámbito educativo se ha proyectado como la posibilidad de generar diálogo entre culturas en condiciones equitativas. Se trata de romper la bipolaridad del nosotros ante los “otros”, que son diferentes, para pasar a crear un espacio intercultural en el que se practiquen el respeto y el diálogo.
Desde la ética de la interculturalidad, el reconocimiento del derecho a ser diferentes exige respeto entre los diversos colectivos culturales, respeto que debe concretarse en la equidad de las oportunidades sociales de dichos colectivos. Así, para dialogar hay que presuponer las condiciones de igualdad para entrar en un diálogo creativo. Esas condiciones implican el cultivo de los rasgos definitorios de la propia identidad. Entonces, la idea no es fundir las identidades en una identidad cultural única, sino reforzar creativamente la propia identidad.
Se necesita desarrollar una concepción amplia de la interculturalidad en la que se reconozca la urgencia de toda la sociedad guatemalteca a reconocer y valorar tanto la propia identidad como las que se consideran diferentes a la propia. Tanto indígenas como no indígenas en Guatemala deberían afrontar el desafío que deviene de la inseguridad identitaria. Tanto para los que no son indígenas, que fundan su ser en distintas negaciones especialmente relacionadas con sus orígenes, como para los indígenas que históricamente han sido excluidos de la nación como ciudadanos guatemaltecos.
La interculturalidad como convivencia es posible después de la autoafirmación identitaria, de la autorrevalorización, para poder aprender de los otros, porque todos los grupos culturales tienen la potencialidad de mejorar a través del aprendizaje voluntario que permite el contacto con otros. En este sentido las culturas deben conocerse entre sí para poder valorarse, no es posible juzgar a las otras culturas desde los prejuicios creados desde la premisa de que hay unas culturas más avanzadas, mejores o peores, porque esos prejuicios no revelan más que ignorancia. La claridad en cuanto a la inexistencia de jerarquías entre grupos culturales es imprescindible para la generación del diálogo intercultural.
La interculturalidad para todos en el sistema educativo nacional es una asignatura pendiente, ya que a través de la educación es que se forma a los ciudadanos. En un país multicultural como Guatemala, la comprensión del relacionamiento entre miembros de distintas culturas es básico en la formación de la ciudadanía, que deseablemente debería concebirse como una ciudadanía intercultural. Los que han promulgado una nacionalidad monocultural han obstaculizado el proceso de conformar un proyecto de nación coherente con la realidad cultural del país. Proyecto que contribuiría enormemente a visibilizar las potencialidades de la diversidad cultural y al diálogo entre las voces de los distintos grupos culturales que hoy están expresando problemáticas que afectan a todo el país, pero que no se alcanzan a comprender.
27 octubre 2009
El Problema Social del "Indio"
por Estuardo Zapeta
Siglo XXI (27 oct 09)
Como profesor universitario una de los hechos que sigue sorprendiéndome es el desconocimiento de documentos, tales como la Tesis de Miguel Ángel Asturias, en los círculos “académicos.” Y no sólo eso, sino que su sola mención, no digamos análisis, es ya una “ofensa” imperdonable contra aquellos que han puesto a Asturias casi a la par de Dios Padre.
Soy indio y académico, y eso me ha llevado a estudiar esos documentos que posiblemente algunos quieran tener enterrados en el olvido y el silencio, pero que mi responsabilidad en mass media me obliga a discutir en un ejercicio de arqueología de la identidad. Entender la identidad pasa por el doloroso ejercicio nacional de volver la vista hacia el pasado.
En grandes líneas, el argumento del joven Asturias era una ecuación, en la cual para él “cultura y genética” eran lo mismo, y la primera era determinada por la segunda. El indio, decía Asturias, era un “semi bárbaro” que representaba un peso muerto para Guatemala, en dos terceras partes, y cuyo reto fundamental era una renovación de “sangre”, como se hace con las plantas o con los perros.
Este argumento, el de las bases sanguíneo-genéticas de la cultura, no era nuevo en los 20´s. Era, de hecho, la continuación de una visión darwinista aplicada a las sociedades.
En una interesante “clasificación” étnico-racial Asturias explicaba que “los chinos” eran también tan inferiores, que su sola mención en un experimento que alguien había propuesto “indio-con-chino”, era repulsiva y llamaba a náuseas.
La propuesta de Asturias, para resumirla, era un cruce genético, previa prohibición a las indias de continuar “el mal” de reproducción con indios, y, en esa nueva forma de “mejoramiento genético” deberían jugar un papel fundamental sementales europeos.
Asturias aventuró una propuesta de regiones no mediterránea, sino frías, del norte de Europa, de donde provendrían los tales hombres-sementales morales, industriosos, de carácter fuerte, y bellos, y que con el cruce con las indias darían un poco de sanidad genética a una “raza” malograda por la historia, la alimentación, la “semi-barbarie”, y los trabajos forzados.
Las descripciones físicas y psicológicas que Asturias hizo del indio son fundamentales para entender el argumento: si cambia la sangre, cambiará entonces la cultura.
Otras propuestas, por esos tiempos, lanzarían la idea de eliminar, aniquilar, y desaparecer a todos los indios, debido a que por inferiores no tenían ninguna esperanza de sobrevivencia, aun siguiendo el modelo asturiano de “cruces.”
Pero aunque el mestizaje era la principal arma que proponía Asturias contra el mal genético y el problema social que eso representaba no era la única argumentada.
Otras consideraciones también presentó Asturias, y cito algunas líneas del documento: “Para retardar la degeneración del grupo social guatemalteco que comprende a la raza indígena, se emplearán los siguientes medios: a) Prohibir en lo absoluto casamientos y uniones prematuras; b) Mejorar cuantitativa y cualitativamente el sistema alimenticio; c) Reducir a ocho horas el trabajo; d) Educar al indio; e) Higienizar su vida; f) Fomentar el mestizaje . . . (y) para destruir el mal: La inmigración”.
